Guía de la Salud de la Provincia de Salta

Medicina Preventiva

 

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LAS VACUNAS 


Hacen que el cuerpo cree defensas contra las enfermedades. Consisten en microorganismos parecidos a los que provocan las enfermedades, los microorganismos que las producen matados por diversos medios, componentes de dichos microorganismos o toxinas desnaturalizadas (inactivadas) que producen dichos microorganismos. 
Constituyen el arma más poderosa que poseemos contra las enfermedades infecciosas. 
Han sido el único medio que ha conseguido eliminar definitivamente una enfermedad de la faz de la tierra (la viruela). 
Se administran por la boca o por inyección, y usualmente deben repetirse varias veces hasta que protejan suficientemente al organismo, y después cada cierto tiempo para que el organismo "recuerde" su efecto. 
El mejor momento para administrarlas es durante la infancia, pero también pueden vacunarse los adultos. 
La vacunación infantil es universal y gratuita, cubriendo a los niños contra:
La poliomielitis,
El tétanos,
La difteria,
La tos ferina,
Las paperas,
La rubeola,
El sarampión,
La meningitis por Hemophillus Influenzæ y
La hepatitis B


Para los desplazamientos a países donde existe , es indispensable la vacunación contra la fiebre amarilla o las fiebres tifoideas.
Consulte en los departamentos de Sanidad Exterior del Ministerio de Sanidad y Consumo, o en su agencia de viajes (debe ponérselas con antelación). 
También se suministra gratuitamente a las personas de grupos de riesgo (aquellos que sufrirían posiblemente complicaciones graves) o por motivo laboral, la vacuna antigripal.
Las personas que deben vacunarse contra la gripe por los posibles efectos graves de la misma serían:
Diabéticos,
Pacientes con enfermedad pulmonar crónica,
Pacientes del corazón,
Pacientes con insuficiencia renal,
Pacientes en tratamiento con medicaciones anticancerosas

Las personas que deben vacunarse por motivos profesionales son
Cuerpos de seguridad del estado
Personal sanitario
Algunas empresas se la ofrecen gratuitamente a sus trabajadores.

Dado que el virus que produce la gripe cambia cada año, cada año deben revacunarse con la vacuna actualizada estas personas. Normalmente, pueden producir reacciones leves en el punto de inyección. Un poco de frío local puede aliviarlas. En casos muy raros, pueden producir reacciones más graves. 
Algunas vacunas (cada vez menos) llevan o pueden llevar, por su proceso de fabricación, restos de ovo albúmina. Si es alérgico a las proteínas del huevo, evítelas. Hoy en día muchas de estas vacunas pueden substituirse por vacunas producidas por ingeniería genética, libres de huevo. Consulte con su médico. 
La posibilidad de la vacunación la descubrió Jenner, un médico inglés, a finales del siglo XVIII, observando que los ordenadores de vacas no contraían la viruela (de ahí el nombre de vacuna). 
Algunos microorganismos que cambian muy frecuentemente se han demostrado muy resistentes al desarrollo de una vacuna, como el HIV, responsable del S.I.D.A., aunque se están realizando grandes esfuerzos para su desarrollo, ya que se considera que sería el único medio práctico de acabar (en unas décadas) con la epidemia del S.I.D.A.. 

El sistema inmunitario 

El cuerpo posee mecanismos para defenderse de los ataques que pueda sufrir desde el exterior. Al conjunto de estos mecanismos se denomina inmunidad. 
La inmunidad consta de dos partes; la inmunidad celular, realizada directamente por células que reconocen las marcas de la infección, usualmente por virus, de otras células del propio cuerpo y las destruye, para evitar que la infección pase de célula en célula; y la inmunidad humoral, realizada por moléculas denominadas anticuerpos circulantes, que atacan a los microorganismos que invaden el cuerpo en la sangre, los fluidos y las mucosas (recubrimiento interno de las vísceras en contacto con el exterior como el sistema respiratorio, digestivo y genitourinario), lo que provoca: 
su destrucción por otras células especializadas del organismo, los polimorfo nucleares y monocitos que rodean y digieren a las bacterias y forman el pus que podemos ver en los abscesos y granos, o 
su ataque por unos enzimas especiales denominados complemento, que agujerean literalmente a las bacterias invasoras, destruyéndolas, o, finalmente, 
las bloquean en los receptores que necesitan para invadir a las células del organismo o bloquean la acción de las toxinas que producen. 

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Origen de la inmunidad 

Los bebés recién nacidos están protegidos durante un periodo cercano a los dos meses por los anticuerpos que le pasa la madre durante el embarazo. 
Después, según estos se van gastando, la inmunidad pasa a depender de las células del propio sistema inmunitario, cuya principal característica es ser muy específicas (cada una produce un anticuerpo contra un microorganismo, o una parte de él para ser más preciso, a la que se denomina antígeno, y sólo a uno, y no a otros), y necesitar de un primer contacto con el correspondiente antígeno para ser funcional. 
Detalladamente, el proceso es el siguiente: un microorganismo o virus se pone en contacto con el organismo de una persona que jamás había tenido contacto con él. Durante un breve plazo de tiempo no encuentra oposición y se reproduce rapidísimamente. También rápidamente, sus antígenos llegan a los órganos linfoides, acúmulos especializados en el reconocimiento de antígenos, que constituyen los denominados ganglios linfáticos bajo la piel, y las anginas y vegetaciones en la garganta (las vías que emplean habitualmente los organismos para entrar en el cuerpo) o su equivalente en el tubo digestivo, las placas de Peyer. 
Al entrar en contacto con los antígenos específicos de ese microorganismo, las células que producen los anticuerpos adecuados se activan y empiezan a multiplicarse enormemente, hasta que, en el plazo de unos cinco a siete días, empiezan a fabricar anticuerpos. 
Estos anticuerpos, producidos en grandísimas cantidades, son liberados a la sangre y líquidos del organismo, neutralizando las toxinas producidas por el atacante, marcándolo para su destrucción o impidiéndole agarrarse a las células propias para atacarlas. 
Una vez vencida la infección, siempre queda un pequeño grupo de células, denominadas "de memoria", con capacidad de multiplicarse y producir anticuerpos con gran rapidez si vuelven a toparse con sus antígenos, en cuestión de horas en vez de días, con lo que previenen eficazmente cualquier reinfección (aunque no contra todos los microbios). 

Observaciones desde la antigüedad 

Desde la antigüedad se venía observando que las personas que sufrían y sobrevivían a determinadas enfermedades no las volvían a pasar, siendo muy apreciadas por esta razón las personas picadas de viruelas para el cuidado de los enfermos de esta terrible enfermedad. 
A finales del siglo XVIII un médico británico, Jenner, realizó una observación que excitó su curiosidad. No sólo los pacientes que habían sobrevivido a la viruela, como atestiguaban las marcas por todo su cuerpo, eran resistentes (hoy diríamos inmunes) a dicha enfermedad, sino que también los campesinos que habían padecido. La verruga vacuna, enfermedad leve de las manos de los ordeñadores de vacas al contactar alguna herida en la mano con los exudados de una enfermedad de las ubres de las vacas, eran resistentes a coger la viruela. Los genios se distinguen por ver lo que al común de los mortales le pasa por delante y no sabe apreciar. A Jenner sólo se le ocurrió la estúpida idea de coger la secrección que manaban las lesiones de las ubres de las vacas e inocularla, mediante unos arañazos superficiales, en la piel de personas sanas. Por aquello de la suerte de los genios, la idea funcionó, demostrando en relativamente poco tiempo que su método producía una resistencia a los devastadores efectos de la viruela. Como se extraía de las vacas, se le denominó variolización o, a lo castizo, vacunación. 
Jenner encontró en la naturaleza un primo cercano del virus de la viruela, lo bastante cercano como para que provocara una reacción inmunitaria que también protegía contra esta enfermedad. 
En poco menos de doscientos años, y debido a las especiales características del virus de la viruela (sólo podía vivir en el hombre), se consiguió uno de los mayores hitos de la historia de la humanidad; la eliminación total y definitiva de una enfermedad, gracias a las lesiones de los campesinos. 
Otros grandes hombres, notoriamente Pasteur (vacuna antirrábica) y Salk o Sabin (vacunas contra la poliomielitis), siguieron el camino de Jenner, desarrollando vacunas contra diversas enfermedades infecciosas. 
Las vacunas han demostrado ser las armas más potentes en el caso de existir, ya que hay microbios que por su capacidad de cambiar de tipo antigénico, son rebeldes a esta estrategia que posee el hombre contra las enfermedades infecciosas, siendo la actuación con mejor relación coste-beneficio existente en materia médica (con un programa de vacunación de unos cientos de miles de pesetas de coste, se evitan epidemias de elevadísimo precio económico y humano, como la poliomielitis). 

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Tipos de vacunas 

Existen varios tipos de vacunas. 
Las más antiguas, como la original, se basan en la existencia en la naturaleza de microbios lo suficientemente parecidos antigénicamente a feroces patógenos, pero de acción mucho más leve, como para que la infección por ellos proteja contra la enfermedad original. Desafortunadamente, los casos son muy escasos, por lo que los grandes microbiólogos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, descubrieron y aplicaron sistemas de "apaciguar" a los microbios originales, usualmente mediante su cultivo repetido en medios artificiales, o "pases", como en el caso del BCG, o bacilo de Calmette y Gerin, cepa atenuada del bacilo de Koch o tuberculoso que, si bien no impide la infección por el bacilo, sí facilita que el cuerpo la domine y adormezca. Estas vacunas se denominan de organismos vivos o atenuados. Siempre existe el peligro de que puedan volver a reactivarse, pero en la práctica éste ha sido mínimo, y hasta el advenimiento de técnicas más modernas ha sido en muchos casos la única vía. Amén de la vacuna original, ya abandonada ante la erradicación de la viruela, podemos citar la vacuna oral contra la poliomielitis (tipo "Sabin"). 
Otra posibilidad, ya explorada desde los primeros tiempos, ha sido el matar a los microbios mediante medios físicos o químicos, con lo que el riesgo de reactivación desaparece, pero suelen resultar menos inmunogénicas que las de organismos vivos al alterarse durante el proceso los antígenos. De todas formas, ha resultado el método idóneo para las vacunas contra toxinas producidas por los microorganismos, que se "desnaturalizan", con lo que pierden su toxicidad, pero no su capacidad de provocar una respuesta de anticuerpos. Son las vacunas de toxoides o de organismos muertos. Las más usadas hoy en día son el toxoide tetánico y el diftérico, la vacuna contra la fiebre amarilla, o la vacuna inyectable (tipo "Salk") contra la poliomielitis. 
Más recientemente se han refinado los métodos de elaboración y, por ingeniería genética, se insta a organismos inocuos a producir proteínas aisladas de forma antigénica de los patógenos contra los que se prepara la vacuna, como las vacunas contra la hepatitis B modernas o las antigripales "de sub-unidades". El futuro está en ellas, y en sus combinaciones para reducir el número de dosis distintas necesarias. 

Las dosis 

Dado que las vacunas no son realmente el organismo que produce la enfermedad, su capacidad de provocar la creación de suficientes células "de memoria" es limitada, y además estas a veces tienden a desaparecer con el tiempo, por lo que se ideó el esquema de aplicación actualmente en uso para la mayoría de las vacunas, a base de repetir, con la suficiente distancia en el tiempo, la administración de las mismas (mediante las denominadas "dosis de recuerdo"), lo que hace que aumente en gran medida el número de estas células de memoria, imprescindibles para rechazar a los patógenos antes de que puedan causar daños en el organismo. 
Y esto nos lleva a la organización temporal de las vacunaciones y sus recuerdos a la que llamamos "Calendario vacunal", variable en pequeños detalles entre países, y sobre todo en la protección que proporcionan (la vacunación masiva contra la hepatitis B es todavía un lujo en determinados países, o la ausencia de casos de una enfermedad fuera de un área geográfica hacen innecesario la vacunación fuera de dichas áreas, como en el caso de la vacuna contra la fiebre amarilla). 

El futuro 

Actualmente se está investigando "rabiosamente" en vacunas contra patógenos que, usualmente por la capacidad que presentan para variar su antigenicidad, o por el gran número de cepas existentes, hasta la fecha no han podido ser domeñados por la estrategia vacunal, pero se confía en que los conocimientos actuales permitan someterlas al sistema vacunal. Los casos más notorios son el SIDA, que incluso en el mismo individuo cambia de día en día, la tuberculosis, cuya "rareza" y adaptación milenaria al hombre dificulta enormemente el hallar resquicios por donde atacarle, los rotavirus y otros enterovirus, causantes de la mayoría de las muertes por diarreas en el tercer mundo, y de los que existen cientos de grupos distintos, que hace inviable una vacuna universal, e inútil una parcial, lo mismo que sucede con las bacterias enteropatógenas (que viven en o atacan al tubo digestivo, como las salmonellas) y con otras como el neumococo causante de la neumonía del adulto. 


Información extraída desde sitios Públicos de la Salud de Internet
En la Provincia de Salta, Ud. puede informarse de estos temas directamente con sus profesionales.

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